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24 de julio de 2021

Los chicos sostienen que las clases virtuales fueron agotadoras y que aprendieron muy poco

Por Betina Rossi
El lunes comienzan nuevamente las clases presenciales luego de casi dos meses de virtualidad. Los estudiantes sienten ansiedad, emoción y muchos sueñan con el tan esperado reencuentro. Estación Urbana, quiso saber qué opinan los chicos sobre esta modalidad. Por ello, dialogó con alumnos del nivel inicial, primario, medio y universitario. Todos consideran que fueron agotadoras y que aprendieron muy poco. Extrañan a los profesores y el contacto con sus compañeros y amigos.

La voz de los protagonistas


Abril concurre a segundo año de una escuela privada de la ciudad de Río Tercero, siente angustia ya que casi todo el año pasado tuvo clases virtuales y no pudo conocer a sus nuevos compañeros. Ahora, cuando todo parecía normalizarse, hace casi dos meses, la tristeza volvió a su vida. “Para mí las clases virtuales fueron muy agotadoras, estaba muchas horas sentada en clases frente a la compu y después venían las tareas, tuve que aprender a tocar un instrumento por este medio  y no me fue fácil, se me complicaba mucho”, dijo la joven de trece años. Luego, comentó que gracias a una amiga pudo salir  adelante. 

“Deseo  volver a la presencialidad porque es mucho más fácil que un profesor este a tu lado y no del otro lado de la compu. Me costó mucho Matemática, las clases por zoom fueron confusas y se complicaba, no entendía”, sostuvo.


Juliana, también va a segundo año pero en una escuela pública. Ella, comentó que en su caso cuenta con los medios tecnológicos para poder realizar las tareas y participar de las clases por zoom  pero sostuvo que no se compara a la presencialidad. “Con el profe al lado se entiende mejor y se explican con profundidad los temas”, dijo la joven. A su vez, la estudiante reconoció que hubo materias que le costaron más que otras ya que las consignas no eran muy claras. “Extraño mucho a mis compañeros y a mis profes”.


Luego, la chica comentó que de su curso fueron dos los jóvenes que pudieron presentar todos los trabajos antes de las vacaciones ya que los demás compañeros no poseen conectividad de manera permanente ni los medios tecnológicos adecuados. “Algunos tienen un solo celu y son cinco hermanos, se van turnando para utilizarlo, otros van al cole a utilizar las compus del gobierno”, detalló.


Antonella tiene dieciocho años y va a otro cole público de la ciudad ella dijo que la virtualidad no le gusta y admite que no le fue bien, además, que no aprendió nada. “Me pareció bien cuidarnos con el tema de las burbujas cuando hubo presencialidad. Extraño la presencialidad no es lo mismo que el docente este a tu lado que del otro lado de la pantalla”, acotó. 


Por su parte, Julieta concurre a otra escuela privada, tiene dieciséis años y va a quinto año. “Mi experiencia con zoom fue complicado, no me sirvieron porque estando en mi hogar no presto atención porque el ambiente no es el adecuado. Extraño mucho la presencialidad y me gustaría volver. Deseo volver a la normalidad para que podamos aprender mucho más que desde casa, además, es necesario socializar con nuestros compañeros”, dijo.


Emilia va al mismo cole y cree que la virtualidad ayudó porque no perdieron contacto con los profesores y con los compañeros. “Algo aprendí, los temas no se entienden de la misma manera, quedan dudas pero lo mínimo quedó. Extraño la presencialidad es más fácil entender, consultar a los profes y la relación con ellos, además extraño a mis amigos”, concluyó.


Nicolás, posee diecisiete años  y opinó que al principio le gustaba la presencialidad pero que después se empezó a adaptar a la virtualidad. “Hoy prefiero eso porque puedo manejarme con mis horarios, aunque en realidad las clases virtuales eran doble tiempo: zoom y luego realizar las tareas. Arrancábamos a la una y media, terminábamos a las seis de la tarde”, comentó.


Los más pequeños


Laila, comenzó jardín de cuatro el año pasado, fue dos semanas y luego comenzaron las clases virtuales. La mayoría de las actividades las hacía con ayuda de su mamá ya que eran muy elevadas para su edad. Este año, ilusionada como todo niño; pensó que iba a ser distinto. Un día, llegó su mamá y le comentó que el bichito estaba cada vez más dañino y que de nuevo debía encerrarse en casa. Comenzó a llorar y luego fue costoso, pero fue adaptándose a la tarea. “Mami ya no quiero participar de las clases de zoom con mis compañeros, me aburre”, expresó la pequeña.


Otro caso, es el de Martina que con siete años se levantaba a las ocho de la mañana y con la ayuda de su hermana mayor pudo ingresar estos meses a las clases virtuales ya que su mamá trabaja toda la mañana. La niña va a segundo grado de una escuela pública y con mucho esfuerzo y dedicación pudo aprender a leer y a escribir.

¿Y la facultad?


Mateo tiene 24 años y estudia Ciencias Económicas en una Facultad privada de Córdoba. “La pandemia puso en jaque a todo el sistema educativo. La diferencia entre la virtualidad y la presencialidad es muy grande, se necesita el contacto con personas, no es lo mismo hacer un grupo por internet. Los días son monótonos, antes el día era más dinámico y variable. Uno con todo esto valora mucho más lo presencial; es un desafío total y todo esto demostró la gran grieta social que existe, si uno no posee internet o un dispositivo todo se complica mucho”, sentenció el joven. 


Por último, Josefina contó que cursa segundo año de Psicología en la Universidad Nacional de Córdoba. Con mucho esfuerzo comentó que sus papás este año le alquilaron un departamento. “Estoy angustiada, tuve que volverme a Río Tercero y mis viejos me dijeron que si se vuelve a la presencialidad tendré que hacer mi carrera viajando. Dejé mi lugar, mis amigas, el hogar que pude crear en poco tiempo ya que a mis papás les cuesta mucho costear los gastos al vicio”. 


La joven también sostuvo que la virtualidad le está dejando más dudas que certezas y que no entiende mucho de los temas, además que sus profesores son mayores y que no se adaptaron a las nuevas tecnologías. “Debemos enviar prácticos por e-mail y nadie nos explica nada”, concluyó angustiada. 

 

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