Sabado
31 de Octubre de 2026
10 de septiembre de 2026
La profesora de Educación Física encontró en el trabajo con adultos mayores mucho más que una salida profesional. Inspirada por el vínculo con sus abuelos, acompaña a personas mayores desde la actividad física, pero también desde la escucha y el afecto. María Luz Pignata es profesora de Educación Física y desde hace tiempo trabaja con adultos mayores. Lo que comenzó como una elección profesional se transformó en una experiencia profundamente personal, marcada por los vínculos, las historias de vida y el recuerdo de sus propios abuelos. En diálogo con Estación Urbana 97.5, contó que su relación con las personas mayores está fuertemente ligada a sus dos abuelos, especialmente a su abuelo, quien falleció hace dos años a causa del Alzheimer. “Cuando era chica trabajaba con él, trabajaba en el café y hablábamos de la vida. Creo que eso fue una de las cosas que más me marcó”, relató. Hoy siente que, de alguna manera, cada adulto mayor con el que trabaja representa también un poco a sus propios abuelos. Para Pignata, la clave está en generar un vínculo con cada persona. “El amor es el motor que impulsa el cambio”, sostuvo, al explicar que su tarea va mucho más allá de una clase de actividad física. Según explicó, antes de comenzar a trabajar con sus alumnos dedica tiempo a conversar y conocer cómo se encuentran. Esos diálogos le permiten comprender que detrás de cada cuerpo existe una historia. “Yo no entreno simplemente un cuerpo de 80 o un cuerpo de 90, sino que el cuerpo va atrás de una historia”, afirmó. En ese sentido, destacó que situaciones emocionales como el estrés también pueden reflejarse en el cuerpo. Por eso considera fundamental conocer qué está atravesando cada persona para poder adaptar el trabajo físico a sus necesidades. Uno de los aprendizajes más importantes que recibió de sus alumnos es la necesidad de disfrutar el presente. “No te olvides nunca de vivir”, es una frase que, según contó, escucha repetidamente de ellos y que intenta aplicar también a su propia vida. Entre las experiencias que más la marcaron se encuentra la de una mujer de 96 años que, cuando comenzó a acompañarla, permanecía prácticamente inmóvil en un sillón. Con el tiempo, logró volver a ponerse de pie y caminar algunos pasos dentro de su casa. Para María Luz, esos pequeños avances representan enormes transformaciones. “Cuando le das pie, tu cuerpo te va a responder. Es cuestión de creer en eso”, expresó. La música también ocupa un lugar especial en esta historia. Pignata compartió en redes sociales una interpretación de “La abuela Emilia”, de Teresa Parodi, una canción que la conecta especialmente con el recuerdo de su abuelo y con el vínculo que construyó con los adultos mayores. Su mirada sobre la vejez también cambió a partir de estas experiencias. Hoy sostiene que las personas mayores tienen mucho para enseñar y que escuchar sus historias permite comprender el valor de la experiencia y del paso del tiempo. “Hay que abrazarlos, escucharlos y construir juntos el camino nuevo”, expresó. Una historia que demuestra que la actividad física puede ser mucho más que movimiento: puede convertirse en un espacio de encuentro, acompañamiento, recuperación y afecto.
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